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Xalapa, Veracruz, Mexico
Somos un Centro de Estudios e Investigación Guestálticos en donde ofrecemos servicios educativos de calidad, especializados en el enfoque de la Psicoterapia Gestalt, siendo así la primera Institución de este tipo en el sureste de México. Fundado en 1991 por nuestra actual líder la Dra. Guadalupe Amescua Villela se crea un espacio de crecimiento y desarrollo basado en los principios humanistas. En este espacio presentamos algunos artículos interesantes de nuestros alumnos, docentes y colaboradores. Para información de cursos, posgrados y eventos dirigirse a www.cesigue.edu.mx

viernes, 11 de diciembre de 2015

La experiencia corporal como experiencia del sí mismo

Hugo Saith Martínez Arroyo
Bitácora de Bioenergética 
y Procesos Corporales
Maestría en Psicoterapia Gestalt


De inicio llegué tarde e interrumpí la clase (así sentí), cuando mis compañeros ya estaban concentrados y sentados frente a frente, al momento de ver la puerta cerrada me tensé, mis hombros de una manera muy dolorosa, lo noté y en ese momento supe que estaba siendo muy duro conmigo por llegar tarde, incluso como un autocastigo; al momento de tocar la puerta para poder pasar acaloré mi rostro y apreté muy fuerte mi mandíbula, corté mi respiración a manera de que no se notara que estoy respirando… lo escribo y vuelvo a comprimir mi mandíbula, aquí y ahora me endurezco y esa es mi existencia (Kepner, 1992, p. 5).
Puse mi mochila en el suelo y me dispuse a trabajar con mi compañera, me senté en el alfombrado y la vi a los ojos, sólo la vi a los ojos. La indicación de la maestra fue: siente tu cuerpo, siente e identifica si estás tenso, si te duele o si hay algo en tu cuerpo que te incomoda, quédate ahí y sólo observa; seguí la indicación y noté de manera rápida que estaba tensando mis hombros y tensando mi abdomen, dolía sólo eso sentía, le platicaba esto a mi compañera y noté que al hacerlo consciente se estaba intensificando mi sensación de incomodidad y dolor, quería moverme, estirarme, quitarme de ahí, sin embargo parte del trabajo es quedarme en esa incomodidad, en esa sola posición y darme cuenta de lo que estaba experimentando en ese momento. (Es curioso y mágico el efecto de escribir lo que viví; en éste momento que estoy escribiendo la bitácora y después de haber leído el subtítulo de Kepner “LA EXPERIENCIA CORPORAL COMO EXPERIENCIA DEL SÍ MISMO” (1992, p. 4) me doy cuenta que eso es lo que hago las veces que me siento incómodo o con dolor, trato y tengo el deseo de huir, de moverme, me cuesta permanecer en las situaciones dolorosas, prefiero evitarlas a toda costa…)
Cuando la maestra nos pide que le demos una cualidad o una característica a ese dolor o malestar corporal, vi como unas raíces gruesas de color carne salían de mi pecho, de mis hombros y bajaban por todo mi cuerpo hasta llegar al suelo y las vi abriéndose paso por la alfombra tirando de mis hombros, jalando mi ser hacia abajo, haciéndolo pequeño, comprimiendo todo mi cuerpo. Si traduzco esto a mi manera de existir suena así: Veo como me hago pequeño, me tiro al suelo, me jalo hacia abajo, comprimo mi respiración para encogerme lo más que pueda.

“Yo me encojo y esa es mi existencia” salió de mi alma, salió de mí mismo. Lo dije seis veces y esto fue lo que pasó en cada una de las repeticiones:
Yo me encojo y esa es mi existencia (me apreté aún más),
Yo me encojo y esa es mi existencia (me comprimí),
Yo me encojo y esa es mi existencia (ahogué mi dolor),
Yo me encojo y esa es mi existencia (empecé a sentirme triste y en este momento siento tristeza al recordarlo),
Yo me encojo y esa es mi existencia (viví mi tristeza y lloré),
Yo me encojo y esa es mi existencia (sollocé y me sobé).

Hasta que descubrí lo pequeño que me hago, cuanto me encojo y como es que vivo mi vergüenza, pude pacificar mi corazón; ya más tranquilo terminamos el ejercicio y nos sentamos en círculo.
Sólo pocos compartieron su sentir y lo que vivieron, la maestra se dio cuenta de eso y mencionó las resistencias, pude ver que me encojo para no decir nada, para no hablar, y trato de desaparecerme para no ser captado por la maestra y no participar, me di cuenta de eso y lo que hice fue decirlo al grupo, les dije que me hacía pequeño, que evitaba respirar fuerte para no ser captado y pasar desapercibido, para desaparecer por completo, ella me respondió que esa era mi tarea, decir que en este aquí y ahora me estoy encogiendo, notarlo y poder reportarlo, esa es mi tarea.


Referencia bibliográfica:
Kepner, J. (1992). Proceso corporal. Un enfoque Gestalt para el trabajo corporal en psicoterapia. México: Manual Moderno. 

jueves, 10 de diciembre de 2015

Mis habitaciones cerradas (Última parte).

Una persona sana que está creciendo acepta la condición humana de debilidad. "Las personas son productoras de errores, y yo soy una de éstas. Por eso ponen gomas en los lápices, ¿sabes?”. Las personas sanas, que están creciendo, también son buenos comunicadores porque están dispuestos a compartir de una manera abierta y sincera. Comparten no sólo la luz y lo brillante, sino también el lado débil y herido de sí mismas.
A  partir  de  nuestro primer  descubrimiento  del  lenguaje, sentimos la tentación de usarlo no para expresar y revelar nuestro verdadero yo, sino para fingir y manipular la  realidad. Cuando  niños,  nos  recompensaban por nuestra autoproclamada  bondad. "Fui un niño bueno todo el año, de verdad, Santa Claus”. También aprendemos a utilizar la manipulación de las lágrimas para conseguir atención. Más tarde en la vida, el  mal uso del lenguaje puede tomar proporciones más serias cuando decimos a la gente que la amamos para poder utilizarla. Y una vez, utilizadas, estas personas manipuladas se convierten en "trofeos de conquista" y ocupan un lugar en nuestros cofres de trofeos. Y, por lo general la decepción se planea y ejecuta simplemente para probar que en realidad no  somos  inferiores. Es  sólo otro encubrimiento de nuestra vulnerabilidad.
Es evidente que estas defensas de nuestro ego herido nos conducen a juegos interminables  y escabrosos de falsedad. Por fortuna, existe un antídoto positivo, creativo y saneador. Este consiste sencillamente en aceptarnos  dentro  de  la  condición  humana de  debilidad, y en admitir la realidad de nuestras limitaciones. Esta honestidad y apertura contrarresta nuestras tendencias malsanas. La honestidad y la apertura, el deseo de compartirnos a nosotros mismos, con todos nuestros defectos, nos hace ser reales. Nos pone en el tipo de contacto con la realidad que nos permite madurar y convertirnos  en todo aquello en lo que nos podemos convertir.

Un amigo médico me habló en una  ocasión de un deseo oculto. Decía que algún día le gustaría pararse en un elevado balcón por encima del mundo y anunciarle a toda la raza humana: "ESTE SOY YO, ESTO ES TODO LO QUE YO SOY. NO HAY MAS. NO HAY MENOS. ¿PUEDEN ACEPTARME COMO SOY O NO?"
Le respondí que sabía a lo que se estaba refiriendo. Existe un fuerte deseo en la mayoría de la gente de despojarnos de fingimientos, de imitaciones, de falsedades. A todos nos gustaría ser reales. La falsedad requiere de muchos esfuerzos. Y una vez que comenzamos a practicar ese juego, debemos seguir jugándolo. Nos gustaría ser capaces de poner a nuestro verdadero yo al frente, (o en el balcón) en vez de representar una actuación en el escenario. Qué alivio sería poder decir las cosas como son en realidad, sentirse a salvo y seguros siendo sólo nosotros mismos.
La honestidad de este tipo nos retaría a extendernos a dar un paso adelante, fuera de nuestras áreas de seguridad. Decir la verdad abiertamente a todo el mundo parece muy atemorizante. Las consecuencias de la sinceridad algunas veces parecen tener un precio muy elevado. Pero no hay por qué preocuparse. Según los expertos se necesitan cerca de tres semanas para acostumbrarnos a un nuevo hábito, si lo practicamos todos los días. El reconocimiento abierto de nuestra vulnerabilidad y debilidad podría considerarse  como una montaña, hasta que iniciamos el ascenso. Por experiencia personal sé que la mayoría teme lo peor: "El mundo dejará de girar en el espacio; la luz del sol se desvanecerá; lo más probable es que me desmaye; los demás lanzarán una boqueada de escepticismo". Y estas son nuestras expectativas más moderadas. Pero no ocurre nada de esto. En realidad, de inmediato experimentamos y reconocemos en nosotros una nueva honestidad y un sentido de la realidad.
Al mismo tiempo, otros perciben y nos reflejan su reconocimiento de nuestra autenticidad. Nuestras relaciones se vuelven reales, basadas en una autorrevelación honesta. Nos damos cuenta de que la mayoría de nuestros temores era más atormentadora que la experiencia en sí. Padecemos mucho más cuando nos dirigimos al dentista que cuando estamos en su sillón.
Será un inmenso alivio revelar mi lado débil y vulnerable, mis temores y mis hábitos inmaduros,  incluso mis falsedades y fingimientos. Llevarlo a usted a será para mí una experiencia liberadora. Y en el intercambio de esta comunicación usted llegará a conocer a mi yo verdadero. Nuestra comunicación ya no le dará sólo una versión corregida y condensada de mí. Lo que usted verá será lo que hay: el único yo verdadero.
Usted ya no me temerá ni sentirá la tentación de ensalzarme como persona que todo lo sabe. Sabrá que cometo errores y que experimento en mí la condición humana de la debilidad. Personalmente, me agrada decirles a las personas con quienes me estoy relacionando: "Si alguna vez consideras que me conoces, con toda seguridad sólo será una fracción de mí. Parte de mí se siente segura, la otra parte tiene dudas. Una par te de mí es cariñosa, la otra es egoísta. Una parte de mí confía, la otra es insegura; una parte es orgullosa, la otra es humilde". Poco a poco me he conformado cada vez más con ser una persona tan ambivalente, que parece estar cortada exactamente por la mitad.
La paz que sobreviene con esta autorrevelación constituye una recompensa inmediata e innegable. Las personas que están dispuestas a compartir su vulnerabilidad no tienen que mantener el extenuante esfuerzo de reprimirse. No tienen que ponerse máscaras frente a sus rostros. No tienen que pasar por las contorsiones de la compensación, la proyección y la racionalización. Hacen lo que Dag Hammarskjold llamó "el viaje más largo", el viaje interior hacia el propio ser. Sacan lo que ven y escuchan en esta exploración de sus espacios internos a través de la cinta receptora de la comunicación. "Este soy yo, esto es todo lo que yo soy, no hay más ni menos. Si puedes venir y celebrarlo conmigo, bien. Debo decirte esto: no tengo que complacerte. Lo que tengo que hacer es ser yo mismo, mi único yo verdadero."
Sólo hasta que estemos dispuestos a compartir nuestras personas completas, con defectos y todo, estaremos comunicándonos realmente. Pero más aún, mi apertura tendrá un resultado decisivo en los demás. La honestidad, como todo  lo demás  de los seres  humanos, es contagiosa. Mi salida de detrás de mis murallas de protección para encontrarme con usted cara a cara le inspirará a hacer lo mismo. Cuando somos reales y sinceros respecto a nuestra vulnerabilidad, los demás se sienten aliviados de inmediato. Saben que nos estamos arriesgando, al exponernos con "defectos y todo". A causa de nuestra honestidad se sienten invitados y motivados a quitarse las máscaras, a revelar sus yo interiores en forma abierta y honesta. Se sienten fortalecidos para tomar un riesgo semejante, y experimentarán una sensación de libertad parecida.
Apenas hace unos días, un hombre refinado vino a visitarme.  De inmediato admitió  con honestidad que era un "alcohólico en recuperación". Había permanecído sobrio durante varios años y estaba pasando por los consabidos  "Doce  Pasos" de Alcohólicos  Anónimos. Me contó que ya había llevado a cabo el Cuarto Paso: "... la búsqueda y el inventario moral sin temores" de sí mismo. Ahora deseaba pasar al Quinto Paso: el reconocimiento de una culpa específica.
Entonces, de una manera muy abierta, me confió que "hay algo, una debilidad dentro de mí de la que no le he hablado a nadie. Esperaba podérsela contar a usted." Sin miedo, procedió a abrir su cuarto cerrado, y juntos miramos en su interior. En realidad, lo que compartió conmigo no me pareció una debilidad fuera de lo común. En mi redundante forma de expresarme, le expliqué todo lo que sabía sobre el tema, con la esperanza de que sería reconfortante compartir con él todos estos conocimientos  previos. Justo  antes de que se marchara, le pregunté si se sentía reconfortado y aliviado. "Si", respondió, "Lo que usted me dijo fue de gran ayuda, pero la principal sensación de alivio provino de mi propia revelación, sólo por desahogarme.
Abandonó mi oficina y no sé si lo volveré a ver alguna vez, pero hay algo que es cierto: nunca lo olvidaré, fue honesto y real. Las personas sinceras y reales tienden a provocar este efecto en nosotros.
No quisiera que se quedara usted con la impresión de que hacer una confesión general de todos nuestros pecados es una parte necesaria de la buena comunicación. El Quinto Paso de los Alcohólicos Anónimos les pide a sus miembros, admitir "ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano la naturaleza exacta de nuestras faltas". Pueden haber muchos grandes errores
que hayamos cometido que preferiríamos contar sólo a un confesor o a un amigo de toda nuestra confianza. Sin embargo, el tipo de vulnerabilidad de la que hemos estado hablando aquí podría incluir nuestros temores, las tendencias de nuestra debilidad, los errores cotidianos, limitaciones, rencores, heridas, situaciones penosas, reacciones indeseables, dificultades,  defectos,  y las falsas posturas que se hayan convertido en parte de nosotros. Y todo esto deberá ser parte de una comunicación continua si se desea que una buena relación llegue a mejorar.

Por último, otro pedazo de sabiduría  que obtuve de mi amigo de AA es: somos tan enfermos en la medida en la que seamos sigilosos. En la otra cara de la moneda se encuentra una expresión positiva de la misma verdad: somos tan sanos y plenos en la medida en la que seamos abiertos y honestos con nosotros mismos y con los demás.
Recuerde:  ¡Las primeras tres semanas son las más difíciles!

Powell J. (1993). ¿Por favor podría mi verdadero Yo ponerse de pie? México: Diana.


jueves, 26 de noviembre de 2015

Debemos tener suficiente valor para compartir nuestra vulnerabilidad personal unos con otros (Parte I).

Somos sanos y plenos en la medida 
en que seamos abiertos 
y honestos con nosotros mismos
 y con los
demás.


Existe una teoría acerca de los complejos de inferioridad que estoy dispuesto y preparado a aceptar. La teoría sostiene que todos tenemos complejos de inferioridad. Estos complejos casi vienen como una parte heredada de nuestra infancia y de nuestros primeros años. Se establecen con firmeza durante los primeros cinco años de vida. Una persona que contabiliza este tipo de cosas ha escrito que durante los primeros cinco años de su vida el niño promedio recibe 431 (!) mensajes negativos en un día normal. "Deja de hacer ese ruido..." "Bájate de ahí..." "¿Qué estás haciendo con mis tijeras? ..." "No, eres demasiado chico..." "Mira el desorden que has hecho..."
"i Tienes lodo en los zapatos y acabo de limpiar el piso de la cocina!" Y así sucesivamente (x 431).
Como resultado de estos mensajes negativos, desarrollamos instintos de autoprotección. Tratamos de cubrir y acojinar nuestro ego para evitar daños mayores. Los psicólogos llaman a estos esfuerzos defensivos "mecanismos de defensa del ego". Los más comunes son los cinco que describimos a continuación:
(1)Por medio de la compensación nos inclinamos hacia atrás para evitar caer de bruces. Freud llama a esto inversión o formación reactiva. Por ejemplo, el dogmáti­co sabelotodo continúa pontificando para poder reprimir las dudas que puedan surgir en su interior y minar su seguridad de sentir que está en lo cierto. El niño pequeño "chifla en la oscuridad" mientras camina de noche por un cementerio. La niña testaruda sigue insistiendo, "i No me duele... no me duele!".
(2) Por medio del desplazamiento construimos una desviación psicológica, un camino alterno o una salida para los impulsos que no podemos dejar salir en forma directa. Por ejemplo, no puedo expresar mi hostilidad hacia mi jefe, quien me parece desagradable, porque me puede despedir. De modo que voy a un partido de béisbol y grito: "i Maten al umpire!" o golpeo la pared con el puño después de patear al gato. Otro tipo de desplazamiento consiste en expresar mis verdaderas emociones, pero sobre un tema distinto. Una mujer que se siente sedienta de afecto quizá no sea capaz de pedirle a su esposo que la abrace, pero se puede quejar de que siempre llega tarde, o que no ha levantado un dedo para ayudarla a limpiar el sótano.
(3) A través de lo que se conoce como proyección, hábilmente negamos tener características indeseables, atribuyendo estas cualidades repugnantes a otros o a otra cosa. En la proyección, como ya se dijo antes, trasladamos la responsabilidad de nuestras reacciones y fallas, de nosotros hacia otros o hacia algo externo. Usted recordará que cuando Dios confrontó a Adán en el Jardín del Edén, éste le echó la culpa de su fracaso a Eva.  "i Esta  mujer  que  me  diste -ella me tentó!". Cuando Dios le preguntó a Eva, ésta dijo que era culpa de la serpiente. "La serpiente me engañó para que comiera la fruta prohibida" dijo Eva. En otras proyecciones comunes, culpamos de  nuestro mal trabajo a las herramientas inadecuadas. Y algunos con inclinación astrológica pueden llegar a proclamar que su fracaso se debió al hecho de que "la luna no estaba en la casa adecuada". O, tal vez, "El diablo me obligó a hacerlo".
(4) Otro método de defender el ego se  denomina introyección. Cuando introyectamos, estamos proclamando como propias las características o acciones positivas de otros, compartiendo sus logros indirectamente y gozando bajo los rayos de su gloria. También es posible introyectar un sentimiento de persecución o de martirio personal. Nos imaginamos como víctimas heroicas. Además es una forma de introyección cuando identificamos nuestras posesiones materiales con  nuestra  persona, y nos  hinchamos  de orgullo cuando alguien admira nuestro abrigo de visón o nuestro lujoso yate.  Existen muchas clases de introyección. Nos podemos identificar con héroes o heroínas  deportivas  o  de  la  televisión.  Un  siquiatra  de Manhattan, el doctor  Louis Berg, de hecho prohíbe a sus  pacientes  que vean  las telenovelas porque  hay muy pocas personas felices en éstas. El doctor teme que sus pacientes introyecten el sentido de la tragedia dramática que hay en la mayoría de los personajes.
(5) Finalmente, hay la racionalización.  Considero  que esta es la más prevaleciente y más ampliamente utilizada de las defensas del ego. Es un falso ejercicio en la autojustificación. Esta autodecepción puede funcionar de diversas maneras. Por ejemplo, puedo encontrar buenas razones para disculparme de hacer lo que sé que debería hacer. O tal vez encuentre la justificación para hacer lo que sé que está mal. Si dejo de cumplir una promesa que le hice, ¡puedo racionalizar que usted en realidad no pensó que se lo dije en serio. O si yo encuentro su cartera, racionalizo que Robín Hood se convirtió en héroe cuando robaba a los ricos para darle a los pobres! En ocasiones parece que la autodecepción o racionalización no tiene límites externos.
Estos son los más comunes encubrimientos o mecanismos de defensa del ego. Todos son impedimentos para la buena comunicación porque de alguna manera ocultan nuestra vulnerabilidad. El problema radica en que en realidad no estamos comunicando nuestra ver­dadera forma de ser cuando estamos en medio de una de estas defensas del ego. No somos reales. En consecuencia, no podemos crecer a nuestra plena capacidad. Nunca maduraremos por completo en tanto nos entreguemos a estas defensas de autoprotección, ya que son barreras para la autenticidad. De una manera u otra, nos alejan del contacto con la realidad.

Powell J. (1993). ¿Por favor podría mi verdadero Yo ponerse de pie? México: Diana.







jueves, 12 de noviembre de 2015

Las competencias para tener mejores relaciones humanas

El ser agradecido

Más que buenos modales, es una actitud de reconocimiento sincero a las otras personas, sobre cualquier beneficio, favor o conducta favorable que hayan asumido hacia nosotros. Asumir esta actitud, además de garantizar la permanente buena disposición de los demás hacia nosotros, es un deber de quien es consciente de lo que otros han hecho por él.
Ser agradecidos con nuestros padres, con nuestros seres queridos o nuestra pareja, por muy malas que pudiesen ser algunas de nuestras experiencias con ellos, es prácticamente un deber que sólo se sostiene a partir de aptitudes de inteligencia emocional, de autodominio y perdón, pues en ocasiones el rencor (sobre experiencias negativas o conflictos) nos limita o nubla la vista sobre las muchas cosas buenas que otros han hecho por nosotros.
El ser agradecido con Dios o con la vida misma es reconocer que hemos sido beneficiados en mucho y que lo que tenemos no siempre es obra de nosotros mismos, sino de la generosidad de otros, o si tenemos fe, de la misteriosa generosidad de nuestro creador.
Pero en términos más concretos, en las relaciones humanas, si no somos agradecidos con lo que otros han hecho en nuestro favor, si no reconocemos algún beneficio recibido de ellas, estas personas a la larga se alejarán de nosotros. El agradecimiento es por eso una actitud que debe ser sincera y honesta, pues la simple conducta de buenos modales -el sólo decir gracias de palabra- no necesariamente surte los mismos efectos que el agradecimiento sincero, como actitud, que llena más la necesidad de reconocimiento que otros pudiesen tener en relación con alguna experiencia  compartida.

Cuando el agradecimiento no es sincero se puede percibir, como eso, sólo buenos modales, que en ocasiones pueden ser incluso sinónimos de hipocresía o de mero formalismo.


El ser considerado


Otra actitud que considero importante para las buenas relaciones humanas es realmente una virtud que con el desarrollo de las sociedades materialistas se ha ido perdiendo, de manera gradual; ésta es el ser considerado con otros, que parte por supuesto de un gran espíritu empático -de inteligencia emocional a inteligencia social-. Es decir, sintonizar con sus emociones, sus necesidades y problemas; ser conscientes de cuando están ocupados, cansados o preocupados; en crisis económica; o tristes o enojados, y en este caso, respetar su espacio, su privacidad o si fuese prudente, ofrecerles comprensión y escucharlos. Respetarles sus gustos, sus ratos buenos y malos, sus espacios, su tiempo, darles en todo su lugar, sobre todo en sus situaciones de tensión, de conflicto o crisis; de preocupación o disgusto, eso es ser considerados con ellos. Y una persona que es considerada con los demás recibirá a cambio, siempre, la misma actitud bondadosa de consideración que asumió hacia ellos. El ser considerado es lo menos que podemos hacer cuando se nos dificulta dar un paso de mayor comprensión y compromiso. El ser considerado se da también cuando salimos del yo al que nos induce la sociedad materialista y egocentrista, para entonces darnos de vez en cuando tiempo para pensar en los demás y darles su lugar y su espacio.


Oriza Vargas J. (2014). Relaciones humanas: valores personales, inteligencia emocional y social. México: Trillas

jueves, 29 de octubre de 2015

La empatía en las relaciones humanas


El concepto empatía significa "sentir dentro de uno mismo" la experiencia  subjetiva de otro; por eso es una de las puertas fundamentales por donde se llega a las mejores relaciones humanas. Es decir, si no entendemos y comprendemos a nuestros semejantes, no podemos tener relaciones humanas efectivas con ellos.
Recientemente, Goleman nos explica que tenemos de manera natural una capacidad de empatía primaria, que a través de ciertas neuronas, llamadas neuronas espejo, nos permite percibir de manera natural las emociones de otras personas, siempre y cuando les pongamos atención. Si bien la falta de atención es precisamente uno de los problemas contemporáneos, desde nuestro punto de vista, la empatía puede desarrollarse como un buen hábito que nos lleva a la comprensión si se tiene cuidado en lo siguiente.
Primero, reflexionar si en nuestra escala de valores está o puede agregarse precisamente el valor de la comprensión; esto quiere decir, si le damos, antes que otra cosa, importancia a los demás o a cómo se puedan sentir. Si esto no fuese posible, difícilmente podríamos desarrollar la habilidad empática, pues los siguientes puntos dependen antes que todo de la voluntad. Sólo a partir de esta primera consideración podemos practicar los siguientes pasos, los cuales componen lo que denominamos habilidad empática.

1. Atención. Es decir, incorporar el hábito de esforzarnos por estar atentos a las emociones de los demás (o de la persona con la que estamos interactuando) cuando esto sea oportuno o sensato; darnos cuenta cuando alguien que está con nosotros  está enojado, triste, preocupado o influido por cualquier experiencia emocional. Luchar un poco contra esa indiferencia hacia los demás, característica de los ambientes sociales contemporáneos.

2. Respeto. En segundo lugar, respetar su estado emocional, ya sea enojo, tristeza o cualquier otro; esto es indispensable para trabajar con las emociones del otro. Primero, establecer nuestros propios límites, para esto,  el valor del respeto es fundamental.

3. Acuse de recibido. Después de respetar la emoción que estamos percibiendo en la otra persona, hacérselo saber (insisto, con respeto, decirle que nos dimos cuenta de su enojo, por ejemplo); esto es como si acusáramos de recibido su mensaje emocional. El hacérselo saber no significa que lo comprendamos o que queramos proseguir con el encuentro; sólo implica que nos dimos cuenta y que respetamos sus emociones; igual posteriormente sabremos si nos conectamos o sintonizamos, o si por el contrario, lo evitamos (o como se dice cotidianamente, no nos enganchamos).

4. Entendimiento. El cuarto paso es intentar entender el  motivo de su enojo, ya sea porque nos lo dice, para lo cual deberemos escucharlo con atención, es decir, escucharlo empáticamente; o por la obviedad de los hechos, esmerarnos en interpretarlos razonablemente. Entender no significa comprender, es sólo ubicarnos con un interés elemental, sin compromiso, en los motivos de la,persona con quien estamos sosteniendo una relación humana; podemos incluso no estar de acuerdo con él o ella, pero sí entenderla.

5. Comprender. El último paso será el tratar de comprender la causa de su enojo y esmerarnos en ponernos en su lugar, que es el significado de la empatía, que como vemos, sí nos puede llevar a la comprensión. Estamos hablando en este último paso de llevar a la práctica un  verdadero valor  derivado del amor o de la amistad; ese "compartir los sentimientos o emociones de otros, sentirlas como propias", es realmente difícil, si no tenemos el valor de la comprensión, pues seguramente es la base de las relaciones  humanas  que  trascienden.

Si comprendemos a nuestros semejantes entendemos sus enojos, sus molestias, los intereses que siendo por lo general legítimos (al menos para ellos), subyacen detrás de sus reacciones emocionales; podremos incluso, con nuestra voluntad y con nuestros valores, generar hacia ellos buenos sentimientos de comprensión, de respeto o tolerancia; podemos incluso actuar en consecuencia de nuestros valores, aunque nos genere algún compromiso. En esto conviene recordar que como los sentimientos tienden hacia el largo plazo, las relaciones humanas sustentadas en buenos sentimientos también serán de largo plazo, además de altamente satisfactorias.


Oriza Vargas J. (2014). Relaciones humanas: valores personales, inteligencia emocional y social. México: Trillas

jueves, 15 de octubre de 2015

La capacidad de relacionarse depende del nivel de conciencia



El rango de la capacidad de relacionarse entre los seres humanos es mucho más amplio de lo que jamás hubieran imaginado.  Empecemos por quienes están hasta abajo en la escala humana. Se trata de las personas completamente locas que tienen que ser encerradas y aisladas, o de los criminales que no son tan distintos de los anteriores. Ambos tipos de persona se encuentran completamente encerrados en sí mismos y viven un aislamiento tanto externo como interno, pues difícilmente se pueden relacionar con otros seres humanos. Pero en la medida en que están vivos, tienen que continuar relacionándose de alguna manera. Así que se relacionan con los aspectos externos de la vida, con las cosas, con su medio ambiente, aunque sea de la manera más negativa, con la comida, con ciertas funciones orgánicas de su cuerpo, y tal vez también con ciertas ideas, el arte o la naturaleza. Sería muy útil, amigos míos, que miráramos la vida y a la gente desde este punto de vista. Meditar sobre este asunto les puede ayudar mucho y aumentará su comprensión respecto de mucha s cosas, entre ellos, sobre su propia vida.

     Ahora, para contrastar, permítanme considerar la forma más elevada entre los seres humanos. Se trata de personas que se relacionan maravillosamente, que se involucran a fondo con los demás, que no tienen miedo de hacerlo, que no tienen ninguna cobertura protectora en contra de las experiencias y los sentimientos.

     Por lo tanto aman. Se permiten amar. En última instancia la capacidad de amar siempre se resume en la voluntad interna y la disposición para hacerlo. La  gente que  pertenece a esta categoría ama no sólo de manera  abstracta  y  general, sino que ama personalmente y de manera concreta, independientemente de los riesgos. Estas personas no necesariamente son santos ni perfectos en ningún sentido. Seguro que tienen defectos, se equivocan a veces y tienen sentimientos negativos. Pero, de manera global, aman, se relacionan y no temen involucrarse emocionalmente. Se han liberado de sus defensas. Estas gentes, a pesar de los desazones ocasionales y de las malas experiencias, llevan una vida llena de relaciones fructíferas y plenas de significado. ¿Qué es la vida para la persona promedio? Es una combinación de innumerables posibilidades. Una persona puede estar relativamente libre para relacionarse bien en ciertas áreas de su vida y estar tremendamente obstruida en otras. Sólo una profunda visión interna nos puede ayudar a descubrir la verdad al respecto sobre cada uno de nosotros.

     Cuando una relación parece buena en la superficie, pero carece de profundidad y de significado interno es muy fácil engañarse a sí mismo diciendo: "¡Mira cuántos buenos amigos tengo! No hay nada problemático en mis relaciones, y sin embargo me siento infeliz, solo e insatisfecho."  Si esto es lo que te pasa, no puede ser cierto que tus relaciones sean buenas, o que realmente estés deseando relacionarte. No es posible que estés solo y triste si tus relaciones son genuinas.

    Por  otro lado,  si la manera  en que te relacionas sólo cumple con, una función superficial, entonces puede ser placentero y te distrae, pero no deja de ser algo hueco. Como nunca muestras tu ser verdadero en consecuencia estás insatisfecho. Así que también le impides a los demás el relacionarse y no les das lo que están buscando, ya sea que lo sepan o no. Esto se debe a tu miedo inconsciente a exponerte, a dejar que tus amigos conozcan tus muchos conflictos internos. Mientras no estés dispuesto a resolverlos, no podrás tener relaciones auténticas y, por tanto, no te sentirás satisfecho.

     Las personas promedio tienen cierta capacidad y voluntad para relacionarse y comprometerse, pero no lo suficiente. Sus intercambios y su comunicación se realizan únicamente en un nivel superficial. Las corrientes inconscientes afectan a las partes involucradas y si la relación superficial es una relación cercana, tarde o temprano causará problemas. Si la relación superficial nunca se vuelve cercana, no pasará nada, pero nadie puede engañarse  creyendo que se trata de un verdadero lazo. Las tendencias destructivas inconscientes sólo pueden disolverse si uno las enfrenta y las entiende. Eso no dañará la relación  porque entonces la relación se dará inmediatamente en un plano más profundo  y  podrá  haber  intercambio  mutuo.

     A menudo uno no tiene claro qué es lo que hace que una relación sea profunda y significativa.  ¿El criterio es el intercambio mutuo de ideas o el de placer sexual? Tal vez ambos estén  presentes,  pero  ello  no  necesariamente hace que la comunicación sea muy profunda . El único criterio verdadero es qué tan genuino eres, qué tan abierto y sin defensas, qué tan dispuesto estás a sentir, a comprometerte y a exponerte a ti mismo y a todo lo que te concierne y te importa. ¿Cuántas personas conoces a quienes puedas expresarle tus verdaderas penas, necesidades, preocupaciones, añoranzas y deseos? Muy pocas,  si es que las hay. En la medida en que te permitas darte cuenta de esos sentimientos encontrarás más amigos con quienes compartir y cuya vida podrás realmente entender.

     Si te escondes de ti mismo, ¿cómo vas a poder comunicarte con los demás acerca de lo que no te atreves a reconocer de ti mismo? Así es como llegas a vivir aislado e insatisfecho. Y es por esto que, dentro de nuestro trabajo de autotransformación, nos interesa tanto que aprendas a admitir la verdad sobre ti mismo. Sólo entonces podrás empezar a tener relaciones reales en vez de falsas y llevar una vida plena. Incluso tus relaciones con otros aspectos de la vida, como el arte, la naturaleza y las ideas, cobrarán una nueva forma mucho más viva; mientras que antes tal vez las usabas únicamente para evadir los sentimientos problemáticos.

    El establecimiento de relaciones y comunicación reales puede confundirse con la compulsión infantil de contarle todo a todo el mundo. Puede ser que compartas  tus sentimientos de  manera  indiscriminada  y  que  te  engañes creyendo que ese candor tonto, esa exposición poco sabia de tu persona, o bien esa "honestidad" a ultranza, son la prueba de tu apertura y tu disposición a relacionarte. En realidad esto sólo esconde tu retraimiento en un nivel mucho más recóndito y con manifestaciones más sutiles. Y sólo te sirve como "prueba" de que no vale la  pena  comprometerte.

     Cuando alcances la verdadera comprensión de ti mismo y, consecuentemente, te liberes de la prisión que tú te has construido, no existirá ninguna tensión en tu autoconocimiento ni en tus relaciones e intuitivamente sabrás escoger a las personas indicadas, las oportunidades verdaderas y las formas adecuadas. Los malos entendidos ocasionales nunca te apabullarán ni te harán volver a esconderte. Sin embargo, el proceso de crecimiento, la libertad, sólo puede llegar de manera gradual y sólo una vez que hayas empezado a seguir un camino de auto-conocimiento.

     Los psiquiatras a menudo diagnostican a la gente de acuerdo con su capacidad para relacionarse y según la profundidad e importancia de sus relaciones. Se ha descubierto que algunas de las personas más dañadas en términos psicológicos pueden recibir ayuda más fácilmente que otras cuyos problemas son menos obvios porque éstas se pueden engañar a sí mismas haciendo creer que las cosas no están tan mal, y pueden seguir escondiéndose de su verdad interna. Quienes están más afectados no pueden usar este subterfugio, en consecuencia, llegan a un punto en el cual tienen que escoger entre mirar de frente su vida interna, sin autoengaños, o no hacerlo. También es posible que lleguen a una severa crisis que posponga el autoexamen, pero se encuentran más cerca del punto de decisión (el cual tal vez sólo alcancen en una vida posterior) que la persona menos neurótica que continúa evitando confrontarse a sí misma.

     Muchos de ustedes, amigos míos, no tienen una idea muy clara de lo que realmente es relacionarse o amar. Están básicamente preocupados por ustedes mismos y cuando se acercan a los demás no lo hacen como parte de un proceso natural y espontáneo sino como algo artificial y compulsivo. Sin embargo, la preocupación y el cariño naturales por los demás llegarán si perseveran en este camino. Mientras no puedan admitir que son humanos y que necesitan ayuda para exponer sus puntos vulnerables, serán incapaces de establecer relaciones verdaderas. De ser así, su vida permanecerá vacía, al menos dentro de ciertas áreas importantes.

Pierrakos E. y Saly J. (1993). Del miedo al amor. México: PAX.



jueves, 1 de octubre de 2015

Dilo con abrazos. Última parte.

Cualquiera que sea nuestra edad o nuestra posición en la vida, todos necesitamos sentirnos seguros. Cuando no lo conseguimos, nuestra manera de actuar suele tornarse ineficiente y nuestra interacción con otros pierde a veces su placer.

Un abrazo crea un cálido círculo de apoyo que podamos volver a nuestras tareas con una renovada sensación de seguridad. Un abrazo dice: en mis brazos hay un lugar donde puedes sentirte seguro.

El abrazo que da seguridad se hace necesario: cuando subimos a un estrado para dictar una conferencia un abrazo dice: no tienes por qué convertir tus rodillas en acordeones. Imagínate que todo el público te está dando un abrazo de seguridad.

Cuando nos graduamos… en la carrera que sea un abrazo dice: En tu nueva vida también hallarás sitios seguros.

Cuando la noche está llena de sombras que se mueven un abrazo dice: la luz del día te mostrará que las sombras son, en realidad, las siluetas de cosas cotidianas.
Prueba con un abrazo de corazón para acallar los miedos y trasmitir un mensaje de seguridad.

Todos necesitamos sentirnos protegidos, pero sobre todo quienes ocupan ambos extremos del espectro de la edad, pues dependen del amor y de la buena voluntad de quienes los atienden.

El abrazo que expresa protección hace falta: a los más pequeños cuando ensayan sus primero pasos un abrazo dice: Cuando el mundo que empiezas a explorar te parezca atemorizante y complicado, podrás volver a la protección de mis brazos, hasta que te sientas dispuesto a salir otra vez para descubrir cosas nuevas.

A los ancianos que ensayan sus pasos por primera vez tras recobrarse de una caída un abrazo dice: No permitiré que te quedes con esos achaques ni que pierdas tu dignidad, tú importas para mí.
Para expresar seguridad, prueba con abrazo de costado o de mejilla.

Nuestra fortaleza se convierte en una poderosa fuerza curativa cuando la transmitimos por medio del contacto físico. Hemos oído muchos relatos repetidos de curaciones por medio del contacto. En la actualidad, la investigación científica continúa confirmando que el contacto y el abrazo imparten una energía vital capaz de curar (además de brindar consuelo y apoyo) a quienes padecen una enfermedad o una dolencia menor. Los últimos estudios demuestran que, para ser realmente terapéuticos, esos contactos deben estar acompañados por la intención de ayudar y de curar. El contacto indiferente es menos afectivo.

La vitalidad que recibimos de todo abrazo terapéutico contiene este saludable mensaje: Estoy vivo e íntegro y volviendo a mí.
Ofrece un abrazo curativo a quien esté tratando de quitarse de encima una enfermedad o un ataque de melancolía, o a quien convalezca de una dolencia física o espiritual un abrazo dice: te abrazaré para que puedas absorber fuerzas de mí mientras te curas.
 Mi fortaleza, combinada con la tuya, es mayor que la suma de nuestras fortalezas. ¡Siente esa notable energía que fluye hacia a ti para que te repongas!

No necesitamos sólo abrazos sino también otros tipos de contactos respetuosos. Para algunos, un abrazo puede ser hasta incómodo; quizá provoque sensaciones de molestia o temor, debido al condicionamiento cultural, un trauma físico o la carencia afectiva. A veces basta tomar suavemente la mano, dar una palmada apreciativa en la espalda, revolver juguetonamente el pelo o aplicar un masaje relajante al cuello, quizás tocar apenas el brazo; éstos pueden ser modos más sensatos de transmitir nuestro apoyo.

Recuerda que, aunque el contacto o los abrazos tienen un valor extraordinario,  el regalo más precioso que podamos hacer es  nuestra aceptación de los sentimientos y las necesidades incomparables del prójimo. Esto significa que nuestra decisión de comunicarnos por medio de abrazos o por el contacto físico debe basarse siempre en el respeto por lo que esa persona considere cómodo.


Abraza con frecuencia. Abraza bien.





Referencia bibliográfica
Keating K. (1987). Abrazame 2. Argentina: Javier Vergara Editor.



jueves, 17 de septiembre de 2015

Abrazoterapeuta Parte II

Cualquier puede ser abrazoterapeuta. Puesto que la abrazoterapia es una técnica de ayuda que beneficia tanto al terapeuta como a su paciente, los requisitos para ser abrazoterapeuta o para ser paciente son los mismos: existir, simplemente. El abrazo curativo es un proceso beneficioso para la salud de todos los participantes. Pero todo abrazoterapeuta toma sobre sí la responsabilidad de comunicar interés y compasión auténticos. Cualquier abrazoterapeuta calificado podrá desarrollar mejor su habilidad y su confianza aprendiendo el idioma especial de los abrazos.
El abrazo curativo nunca transmite mensajes confusos. Por el contrario, siempre expresa con autenticidad quiénes somos y qué sentimos; antes de tocar a otros necesitamos primeramente estar en contacto con nosotros mismos. Cuando las palabras dicen una cosa y el abrazo otra nos sentimos incómodos y confundidos.

Un abrazo nunca dice Tú tienes la culpa ni Quiero hacer daño. Somos individuos complejos que tratan de hallar su satisfacción. No podemos elegir lo que sentimos, pero sí lo que decimos o hacemos como reacción a esos sentimientos. Podemos hallar modos de satisfacer nuestras necesidades sin culpas ni daños para nosotros ni para otros. Como abrazoterapeutas, nuestra responsabilidad es crear y curar, no dañar o echar culpas. Ya no podemos permitirnos el lujo de ver el mundo como formado por “buenos” y “malos”. Un abrazo terapéutico es siempre no sexual. El abrazo cariñoso, consolador o juguetón se diferencia del abrazo amante y no busca ese planos de intimidad física que forma parte de la relación romántica.

El contacto terapéutico es un idioma nuevo que apenas comenzamos a aprender. Al buscar el contacto el precio a pagar puede ser que otros interpreten mal nuestros abrazos, considerándolos indiscretos o contundentes a una relación amorosa.
A medida que vayamos conociendo mejor lo que puede decirnos el idioma del contacto sobre la afirmación y el apoyo, descubriremos que el abrazo es una comunicación saludable, capaz de enriquecernos la vida. A medida que los abrazos se tornen más aceptables como “segundo idioma”, los aranceles del riesgo disminuirán proporcionalmente.

Además de su mensaje particular, un abrazo que sea realmente terapéutico debe expresar siempre estas afirmaciones no verbales. Un abrazo terapéutico siempre dice: comprendo lo que sientes.
Como todos tenemos la misma clase de sentimientos, se produce un vínculo común que nos abraza y une. Respetamos nuestros propios sentimientos como sistema natural de orientación para la toma de decisiones, la creación de valores y la resolución de los problemas. Valuamos los sentimientos del otro como una parte esencial del ser.

Todo abrazo terapéutico dice siempre:

Respeto tu sabiduría interior inigualable. Eres especial.

Celebramos el hecho de que, dentro del círculo de la unidad, haya individuos cuya rica diversidad haga de la vida algo muy interesante. Los sentimientos, las ideas y los valores ajenos expanden nuestra realidad más allá de nuestra limitada visión personal. El mundo está pleno de infinitas posibilidades porque somos diferentes.

Todo abrazo terapéutico dice siempre:

Eres lo que eres, no sólo lo que haces.

Todos necesitamos la confirmación de que somos seres completos y únicos, diferentes de los muchos papeles que nos ha tocado desempeñar. Por ejemplo: No eres sólo médico, madre, deportista, ayudante de veterinario, experta en aerobismo, árbitro de disputas y conductora de un taxi, además de genio doméstico: eres TU.


Referencia bibliográfica
Keating K. (1987). Abrazame 2. Argentina: Javier Vergara Editor.






viernes, 11 de septiembre de 2015

El maravilloso lenguaje de los abrazos. Parte I

La ciencia y el instinto nos dicen que una buena manera de alcanzar el espíritu viviente sensible es mediante el contacto físico. Y una de las formas más importantes del contacto es el abrazo. Con un abrazo nos comunicamos como individuos en el plano más profundo. Con un abrazo abarcamos la totalidad de la vida.
Todos tenemos un anhelo interior que nos convoca a responder con una clase de contacto que afirme nuestro potencial de individuos en desarrollo. El idioma de los abrazos alimenta el espíritu.

Un abrazo crea un círculo de compasión que favorece el desarrollo y la curación, además de curar y alimentar el corazón vacío.

Dado que nos movemos en un mundo de muchos idiomas, sólo el idioma no verbal del contacto y de los abrazos carece de todo límite. Como vivimos en una época de lógica y de tecnología, vamos perdiendo conciencia de nuestros sentidos. Cuando nos tocamos y nos abrazamos con espíritu compasivo, llevamos vida a nuestros sentidos y reafirmamos la confianza en nuestros propios sentimientos.

Dilo con abrazos y darás énfasis al mensaje. Podemos decir en voz alta: “No dejes de avisarme si puedo ayudarte de alguna manera. Un abrazo agregará: ¡Y lo digo de verdad!
Podemos decir en voz alta “Me caes bien.” Un abrazo agregará: me interesas profundamente. En realidad, te amo muchísimo.

¡Pon los signos de expresión con un abrazo!

Cuando las palabras son incomodas o difíciles de decir, dilo con abrazos. A veces hallamos las palabras adecuadas, pero nos resulta muy difícil pronunciarlas en voz alta, sobre todo si somos tímidos o si los sentimientos nos abruman. En tales ocasiones podemos contar con el idioma de los abrazos.

Un abrazo puede decir cosas como:

Puedes contar conmigo en cualquier momento.
Créeme: comprendo lo que sientes.
Por favor, compartamos mi alegría.
Permíteme participar de tu tristeza.

Hasta las palabras más comunes, como “hola” y “adiós”, son a veces muy difíciles de decir.
Cuando las palabras no pueden expresar algo, dilo con abrazos.
Aunque al buscar nuestros propios sentimientos más profundos hablemos con la sinceridad más auténtica, las palabras tienen un alcance limitado. Un abrazo de corazón con frecuencia carece de traducción verbal.

Cuando nos permitimos alcanzar un sereno sitio de conciencia interior, el mensaje de vitalidad, ánimo y amor que todos llevamos en nosotros suele sentirse, dar y recibir en un sitio que está más allá del idioma. Reducir a palabras esta experiencia, ya sea mentalmente o en voz alta, puede restar importancia a un mensaje muy profundo.
Además de utilizar el magnífico don del lenguaje, también debemos respetar la sabiduría intuitiva y sin palabras y escuchar con el corazón. Es así como percibiremos el significado más profundo del misterio al que llamamos amor.

Referencia bibliográfica
Keating K. (1987). Abrazame 2. Argentina: Javier Vergara Editor.

jueves, 20 de agosto de 2015

6 fábulas de Esopo una forma de ver tu vida


1.- El Ciervo y la Fuente.

Bebiendo un ciervo en cierta fuente cristalina, se vio retratado de cuerpo entero en el agua. Admiración y orgullo le causó la belleza de sus ramosos cuernos; pero inclinando la vista hacia abajo, se avergonzó y casi maldijo la fealdad y flaqueza de sus patas. En esto, la trompa del cazador y el ladrido de perros le avisó del peligro que corría, y escapando en veloz carrera por el llano,se libró prontamente de sus terribles perseguidores. Unas ramas, sin embargo, detuvieron su huida, enredándose entre los cuernos, y por pronto que quiso desasirse, perros y cazadores dieron sobre el desdichado sin piedad. Se cuenta que al morir exclamó el Ciervo:­ -“Ahora comprendo, aunque tarde, cuán peligroso era lo que amaba, y cuán útil y necesario lo que aborrecía.”

2.- El Niño y la Madre.

Cierto chicuelo revoltoso, hurtó un libro en la escuela y se lo llevó a su Madre. La mujer, que se excusaba con esto de comprarle otro, colmó de caricias al Niño, alabando por extremo su agudeza. Envalentonado éste robó alguna otra cosa, y después otra más; hasta que cogido por la justicia en un nuevo hurto, fue llevado a la cárcel y sentenciado a muerte. La Madre se deshacía en lágrimas tras el reo; pero el niño, parando la comitiva, exclamó: -“Si cuando hurté el primer libro no te hubieras reído, ahora te excusarías de llorar mi desgracia.”

3.- Las dos Cangrejas.

-“Querida mía (dijo en cierta ocasión a su hija una Cangreja anciana): ¿Por qué andas de costado y en tan ridícula manera? ¿No seria mejor que echaras el cuerpo hacia delante, como todo el mundo?” –“Verdad es (contestó la Cangreja joven); pero me parece que yo ando lo mismo que mi madre. Déme ella el ejemplo, y yo lo seguiré con alma y vida.”

4.- La Zorra en el pozo.

Habiendo caído en un pozo cierta Zorra desventurada, hizo heroicos esfuerzos por sacar la cabeza del agua, pero sin coseguir asirse a los brocales. En esta conformidad, se asomó al pozo un Lobo viejo, que andaba por allí, y al verla dijo: -“¿Es posible, querida hermana, que  os encuentre en tan amargo trance? ¿Cuándo habéis caído? ¿Está muy fría el agua? ¿Cómo sucedió el trabajo? ¡Cuánto siento hija mía, vuestra desventura!...” –La Zorra, que ya se iba amoscando con aquella sarta de cumplidos, le interrumpió diciendo: -“Amigo Lobo, mejor que todas esas frases cariñosas, preferiría una cuerda.”

5.- La Mujer y la Cántara

Una pobre Mujer hallóse cierto día una Cántara vieja y desmochada, que había tenido vino. Acercóle la nariz, y aspiró con éxtasis el aroma excelente que se exhalaba de aquellos cascos inútiles.-“¡Oh Dioses! (exclamó). ¡Cuán delicioso sería el vino que encerraba esta Cántara, si tal perfume se desprende aun hoy de sus heces!”- Después, reflexionando, añadía para sí: -“Una buena vida es como una buena Cántara, que a la vejez conserva perfume de grandeza, aun cuando su aspecto sea achacoso y miserable.”

6.- El Rey y el Esclavo

Durante una excursión que el Rey hacía por los jardines de su palacio, notó que cierto Esclavo, separándose de sus compañeros que trabajaban, vino a regar las sendas por dónde él había de pasar, a cortar las ramas que pudieran estorbarle y a aprovechar cuantas ocasiones hubiese de ser útil a su señor: -“Te engañas, por vida mía (díjole el Rey con severo acento), si piensas que he de darte la libertad en pago a esas adulaciones que no te pido. Mejor se la daría a cualquiera de los otros que siguen imperturbables en mi presencia cumpliendo su deber.”



Referencia bibliográfica:

Mier, E. (1971). Las fábulas de Esopo. México: Epoca, 

jueves, 13 de agosto de 2015

20 señales de que eres codependiente


¿Qué es codependencia?

He oído y leído muchas definiciones de codependencia. En un artículo del libro Co-dependency, An Emerging Issue, Robert Subby escribió que codependencia es: “un estado emocional, psicológico y conductual que se desarrolla como resultado de que un individuo haya estado expuesto prolongadamente a, y haya practicado, una serie de reglas opresivas, reglas que previenen la abierta expresión de sentimientos al igual que la discusión abierta de problemas personales e interpersonales.”
Muchos profesionales dicen que el primer paso hacia el cambio es tomar conciencia. El segundo paso es la aceptación. Con estas premisas bien presentes, examinemos las características de la codependencia, compiladas de mi propia bibliografía y de mi experiencia profesional y personal.
Aquí las señales recopiladas por Melody Beattie:

Los codependientes pueden:

1.- Pensarse y sentirse responsables de otras personas, de los sentimientos, pensamientos, acciones, elecciones, deseos, necesidades, bienestar, malestar y destino final de otras personas.

Los codependientes tienden a:

2.- Criticarse a sí mismos por todo, aun por su manera de pensar, de sentir, de verse, de actuar y de comportarse.
3.- Tener miedo de cometer errores.
4.- Sentirse incapaz de dejar de hablar, de pensar y de preocuarse acerca de otras personas o de problemas.
5.- Mantenerse ocupados para no tener que pensar en sus cosas.
6.- Acudir con doctores y/o tomar tranquilizantes.

Muchos codependientes:

7.- Se atemorizan de permitirse ser como son.
8.- Han vivido situaciones y con personas que estaban fuera de control, causando a los codependientes penas y desengaños.
9.- Se preocupan por si los demás los aman o si les caen bien.
10.- Tienen miedo de despertar la ira en los demás.
11.- Se sienten más seguros con su ira que con sus sentimientos heridos.

Los codependientes a menudo:

12.- Piden lo que desean y necesitan de manera indirecta, suspirando, por ejemplo.
13.- Comienzan a hablar con cinismo, de manera autodegradante u hostil.
14.- Permiten que otros los lastimen.
15.- No confían en sus sentimientos.

Algunos codependientes

16.-Practican relaciones sexuales cuando están enojados o heridos.
17.- Tienen relaciones sexuales cuando preferirían que los abrazaran, los protegieran y los hicieran sentirse amados.

En las etapas tardías de la codependencia, los codependientes pueden:

18.- Retirarse y aislarse.
19.- Pensar en el suicidio.
20.- Volverse adictos al alcohol y otras drogas.

Se estima que 80 millones de personas en Estados Unidos son dependientes químicos o tienen una relación con alguien que lo es. Probablemente son codependientes.
Las personas que aman, que se preocupan o que trabajan con personas trastornadas pueden ser codependientes.
Lo más importante es que ustedes primero identifiquen las conductas o las áreas que les provocan problemas y luego decidan qué quieren hacer.

Referencia bibliográfica:
Beattie, M. (2001). Ya no seas codependiente.Cómo dejar de controlar a los demás y empezar a ocuparse de uno mismo. México: Promexa.