Gerald G. Jampolsky En 1949, durante mi internado en Boston, me di cuenta plenamente de la influencia que las actitudes tienen sobre el cuerpo. El reconocimiento me fue traído a la mente forzosamente por dos pacientes que estaban bajo mi cuidado y que tenían cáncer en el estómago. Los consultores médicos de las Universidades de Boston, Harvard y Tufts estaban de acuerdo en que ambos hombres, mas o menos de la misma edad, estaban en condiciones similares y que no se podía esperar que vivieran más de seis meses. Uno de ellos murió dos semanas después. El otro sigue viviendo, fue dado de alta en el hospital y estaba bien cuando terminé mi internado. El primero parecía no tener ninguna razón para vivir. Creía que aun cuando se recuperara no habría manera de resolver sus problemas diarios. Parecía tener mas miedo de vivir que de morir. La muerte pudo haber sido un escape para él. El hombre que no murió tenía una determinación de vivir; en efecto, se rehusó a convertirse en ...