Kenneth sujeta su humeante taza de café con ambas manos. “Sólo quiero que sepa, doctor Douglas, que no creo en la terapia. Pienso que la gente debería ser capaz de resolver sus propios problemas. No voy a quedarme aquí sentado hablando de mis sueños y pagándole más de cien dólares la hora mientras usted mueve la cabeza. La única razón por la que estoy aquí es porque Sally me ha pedido insistentemente que lo haga. Y estoy dispuesto a hacer cualquier cosa por ayudar la Lindsey. Con mi hijo Nick las cosas van muy bien. Nunca nos ha dado el menor problema. Nunca me contesta mal y siempre saca matrícula de honor. No entiendo lo que ha pasado con Lindsey.” Echándose atrás en su silla, el doctor Douglas, que es psicólogo clínico, intenta tranquilizarlo. “Me complace saber que usted se preocupa por sus hijos y que tiene un sano escepticismo en relación con la terapia. No pasaremos todo el tiempo hablando de sus sueños y trabajaremos duro para llegar a tener algunas ideas claras sobre lo...