Ana T. Jack «Pobre, es muy pequeño, solo se está divirtiendo», dice el padre enternecido, mientras su retoño de un año de edad destroza con gran alegría el último libro de Eduardo Punset, que ha robado de la mesilla de su madre… Pero reaccionar así es un error. Está científicamente comprobado que entre los cero y los tres años se forma la personalidad del niño y, entre otras cosas, se sientan las bases del aprendizaje de los límites. Al principio, en los primeros meses de vida, se trata de adquirir rutinas relacionadas con la comida, el sueño o el baño. Son las primeras normas que conoce el bebé, y también las que le hacen sentirse seguro y protegido. Antes de cumplir un año, además, reconocerá sin problemas un no rotundo o un sí claro, por lo que con estos dos simples monosílabos se puede comenzar a guiar su conducta. Eso sí, a partir del primer año empezará a calibrar hasta qué punto sus padres son firmes con las normas. «Eso no se toca», le dirán. Y él, retador, hará el g...