Geneen Roth Tenía once años cuando mi madre me llamó a su cuarto para decirme que se iba a divorciar. Por años yo ya sabía que mis padres eran muy infelices, y rezaba por las noches pidiendo que ellos no se separaran. Hincada al lado de mi cama, yo decía “Por favor bendice a mi Mami y a mi Papi y por favor, Dios, no dejes que se divorcien!” No sabía a dónde iría, qué pasaría conmigo. Pensaba que sería enviada a la corte y que tendría que pararme frente a un juez con mi mamá y mi papá a cada lado de la corte, y que me pediría que eligiera a quien de los dos amaba más, con quien desearía vivir. Y yo no quería tener que tomar tal decisión… Creía que si me iba con mi padre, perdería el cariño de mi mamá, pero que si me iba con ella, mi papá sí me seguiría queriendo. Yo preferiría irme con mi papá porque en general era más fácil vivir con él y porque sentía que me amaba, pero no quería perder a mi mamá. El ...