“Partir es morir un poco”. Así reza un refrán al que todos veneramos como una verdad. Decir “ adiós” es morir un poco, digo yo, parafraseando el refrán; decir un adiós definitiv o ... ¿es morir mucho? A lo largo de mi trabajo terapéutico he notado como una constante, la necesidad de mis pacientes de decir adiós a una serie de personas y situaciones de su vida y el doloroso proceso que se inicia hasta la despedida final. Sólo después de esa despedida, auténtica y sin cera, es cuando renace en nosotros nuestro auténtico yo, y el aquí y ahora empiezan a adquirir un significado pleno. Estamos agarrados a nuestro pasado y el soltarlo nos produce el vértigo del vado; sin historia, dejamos de ser. Al tener que rellenar nuestro yo con la historia nos agarramos al pasado, nos agarramos a situaciones y personas que pasan a llenar huecos ...