Cuando algún acontecimiento nos hace perder la sensación de equilibrio y seguridad en la vida, la actividad onírica desempeña un papel preponderante en la forma que tenemos de recuperarnos. En tales circunstancias, es probable que en el plano consciente nos sintamos trastornados, sin control. Al mismo tiempo, el psiquismo inconsciente, soñador, se vuelve más activo y produce intensas imágenes que tienen una relación directa con los problemas emocionales que vivimos. Investigaciones actuales confirman que, en momentos de crisis y transición, se produce un notable incremento en el número y la intensidad de nuestros sueños. Hasta la experiencia fisiológica de soñar sufre una transformación: una vez dormidos, comenzamos antes la actividad onírica, los sueños son más largos e implican también una mayor actividad cerebral. Algunos de los poderes biológicamente restauradores y curativos en lo emocional que tienen los sueños se manifiestan según los recordemos o no. Sin embargo, cuand...