El juicio moral que nos permite juzgar a los demás reside en región específica de nuestro cerebro. Y como demuestra una reciente investigación de Neurocientíficos del MIT liderados por Rebeca Saxe, basta con perturbar esa parte del cerebro para que la gente tenga un juicio moral diferente o más laxo. En estudios previos se había mostrado que la región cerebral conocida por unión parietal temporal (o TPJ en sus siglas inglesas) se activaba fuertemente cuando pensamos acerca de las intenciones de los demás, sus pensamientos o creencias, que es el modo que tenemos para deducir si la otra persona está actuando bien o mal (por ejemplo, aquella persona acaba de agredir a otra: ¿ha sido para defenderse, ha sido por odio, ha sido por equivocación, etc.?). En esta nueva investigación se perturbaron temporalmente la actividad de TPJ mediante la inducción de una corriente en el cerebro, inducción que se conseguía gracias a la aplicación de un campo magnético desde el exterior del cráneo. L...