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Nuestros hijos adolescentes

Elidé Bermúdez Betancourt*

Hablar de hijos, una palabra que describe o define a un ser deseado, imaginado en nuestras mentes, que de pronto se hace realidad cuando nace, para la madres desde antes de su nacimiento ya está internalizado, para el padre en el momento que nace, inicia un proceso de internalización o apropiación y el inicio del compromiso y amor. Quiero mencionar que esta definición yo la elaboro a partir de mi propia experiencia, no se si en realidad sea verdad, o sea necesario un análisis profundo.

En el desarrollo de ese hijo, se viven muchas experiencias como padres, algunas de alegría, otras de tristeza, es parte de la vida. Hay momentos en que se siente mucha fatiga, tratando de resolver los problemas que surgen en nuestro hijo, y podemos pensar que cómo apareció esta situación que ya no podemos manejar. Los niños se van formando a través de la relación con los padres, cómo éstos se relacionan con los amigos, cómo se relacionan como pareja y cómo se relacionan con sus hijos. Cómo ellos se sienten atendidos por sus seres queridos, y también si están presentes cuando se presenta una situación en donde se necesitan. Los primeros años de vida del niño, son muy importantes y significativos para toda su vida. Si los padres estuvieron presentes de una manera sana, los niños van a crecer sanos y van a ser adolescentes con recursos para seguir creciendo.

Los adolescentes aprenden del ejemplo de los padres, incluso cuando se revelan contra ellos. Son sensibles y críticos con respecto a cualquier contradicción entre lo que decimos y lo que hacemos, y casi parecen disfrutar tomando nota de cualquier incoherencia. Asimismo, se muestran prácticamente alérgicos a nuestros sermones educativos, por bien intencionados que sean. Por consiguiente, no podemos trasmitirles nuestros valores sólo con palabras, también debemos aleccionarlos con el ejemplo de nuestro comportamiento. El modelo que ofrecemos a nuestros adolescentes somos nosotros mismos.

La adolescencia es una época de transformación tanto para los padres como para los jóvenes, así como para la relación entre unos y otros. Debemos conceder a nuestros adolescentes libertad y, al mismo tiempo permanecer conectados con ellos, equilibrando con criterio estas energías contrapuestas según sus necesidades. Inevitablemente, en algunos momentos nos aferraremos a ellos con demasiada insistencia y en otros les concederemos una excesiva y prematura libertad. Nuestros adolescentes necesitan ser más independientes y reforzar su sentido de identidad. Pero al mismo tiempo necesitan aprender de la interdependencia y de la realidad de que todos necesitamos depender unos de otros en las familias, las escuelas, las comunidades y la aldea global emergente.

La relación con nuestros adolescentes evoluciona hacia una relación con hijos adultos. Cuanto más respetemos el derecho de nuestros adolescentes a tomar sus propias decisiones en el proceso de convertirse en seres independientes, más nos respetarán, en la futura relación con ellos como adultos.

Sabemos que el complicado viaje de la adolescencia cuestiona la esencia de quiénes somos como personas, no sólo como padres. La forma en que reaccionamos a los inevitables altibajos en nuestra vida familiar cotidiana demuestra a nuestros adolescentes quiénes somos. Nosotros somos el mejor ejemplo que podemos ofrecer a nuestros adolescentes mientras desarrollan su identidad.

Es muy importante fomentar una relación positiva al inicio de la pubertad. Debemos lograr que emprendan el difícil camino de la adolescencia sabiendo que tenemos una buena conexión con ellos y que son una prioridad en nuestra vida. No podemos dejar que inicien o recorran los años de la adolescencia sintiéndose perdidos o solos. Hay demasiado en juego.

* Psicoterapeuta Guestalt Infantil, Jefe del Área de Docencia, CEsIGue

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