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¿Por qué un Día del Niñ@?

Leny Cortés Aguilar CESIGUE ¿Te has preguntado por qué de la existencia de un día dedicado a los niños? Fíjate que en realidad no surgió desde una propuesta de la mercadotecnia como lo podemos pensar de manera inmediata, sino más bien la iniciativa terminó siendo un “daño colateral” y en beneficio de nuestro mundo consumista. Resulta que en 1954, la Asamblea General de las Naciones Unidas se reunió con la idea de reafirmar los derechos universales del niño, emitiendo la Resolución 836, IX, bajo la cual se recomendó que los países instituyeran el Día Universal del Niño, para fomentar la fraternidad entre todos ellos y promover su bienestar. El 20 de noviembre marca la fecha en que la Asamblea aprobó la Declaración de los Derechos del Niño en 1959 y la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989 que se consagraría a la fraternidad y a la comprensión entre los niños del mundo entero y se destinaría a actividades que desarrollaran el bienestar de los niños del mundo. Y tam...

Mi experiencia con círculo mágico

Karina Itzel Pérez Díaz Segundo Semestre Maestría en Psicoterapia Infantil Guestalt Círculo mágico ha sobrepasado las expectativas que yo tenía del programa, ya que ha sido una experiencia tan significativa que no sólo me ha dado la oportunidad de aprender la manera de llevarlo a cabo, sino que  hizo un cambio transcendental en mi vida, en mi persona y en la de los niños con los que trabajé. Círculo mágico realmente hace magia, comprendo ahora el nombre de éste, pues me ha permitido darme cuenta cómo han cambiado las actitudes, el comportamiento, la manera de comunicarse y de expresarse de cada niño que participó, y no sólo ellos, sino también de mi compañera Ingrid y de mi como facilitadoras de este programa, en tan sólo diez sesiones. Círculo Mágico me permitió darme cuenta de las necesidades afectivas que tienen los niños de la comunidad donde laboro, porque si bien es cierto que ya tenía identificadas algunas, conocer el fondo de ellas, lo logré gracias a estas...

El contacto con el cuerpo

Eduardo Carlos Juárez López Bitácora 10 Bioenergética Egresado de la Maestría en Psicoterapia Gestalt Creo firmemente que el cuerpo es un templo y como tal debe ser honrado. Al comenzar me preocupaba que mis manos estuvieran frías (miedo) pero poco a poco empezaron a calentarse. Me di cuenta que al tocar también estaba siendo tocado, procuré tocar suavemente cada parte del cuerpo de mi compañero. Aunque no era un masaje propiamente busqué que aunque me moviera alguna de mis manos siempre estuviera en contacto con el cuerpo, esto es algo que me gusta de mi masajista, que procura hacer lo mismo y me hace sentir acompañado en todo momento. Cuando me tocó a mí recibir el contacto con mis compañeros me gustó que fueran dos lo que me iban a tocar, hasta me quité el suéter para sentir más sus manos y su piel. Esto me dice que me gusta el contacto con las personas aunque conozco las maneras en que lo evito. Al momento no sentí que fueran dos personas sino dos manos grandes las q...

En qué puedo servirte (parte IV)

Ram Dass y Paul Gorman Ofrecer el ser Con frecuencia, en nuestro esfuerzo por sentirnos seguros y proteger la integridad del ser propio separado, le damos más importancia a un aspecto de nuestra inte­gridad que al otro. Aunque somos cons­cientes, de un modo abstracto, de que somos seres físicos, emocionales, mora­les, políticos y espirituales, todo a un mis­mo tiempo, preferimos aferrarnos a una faceta de nuestra identidad por sobre las otras. Nos especializamos. En consecuen­ cia, es frecuente que nos mintamos acerca de todo lo que tenemos para ofrecernos el uno al otro. "Soy solo un cirujano. Lo que ustedes deberían hacer es confiarle sus reacciones emocionales sobre esta experiencia a otra persona." ¿Por qué? ¿Qué hay acaso del manantial de compasión que estalla luego de haber observado a tantas personas en vivencias similares cuando eran nuestros pacientes? Si nos limitamos a considerar­nos cirujanos, obstruiremos el camino ha­cia nuestra empatía, una fuent...

En qué puedo servirte (parte III)

Ram Dass y Paul Gorman La inercia del condicionamiento Nos topamos con un dilema interesante. A menudo nos parece que nuestros deseos de ser solícitos con los demás son instinti­ vos. Cuanto más nos dejemos guiar por ellos, mayor será la oportunidad de sentir­ nos íntegros y de ser serviciales. Sin em­bargo, en ciertas ocasiones dudamos en llegar al otro. Quizás por costumbre o condicionamiento; Las razones no son en absoluto sencillas. "Cuando la gente perdió de vista el modo en que se debe vivir aparecieron los códigos del amor y honestidad, apareció el aprendizaje, apareció la caridad, la hipocresía pasó a primer piano; cuando las diferencias debilitaron los vínculos familiares aparecieron los padres bondadosos y los hijos respetuosos; aparecieron los sacerdotes considera­dos los más fieles." En el Tao Te Ching ("Tratado sobre la virtud del camino" ), un pequeño libro escrito hace dos mil quinientos años, Lao Tse narra hechos que se repiten en la a...

En qué puedo servirte (parte II)

Ram Dass y Paul Gorman Yo confío, tú confías Como representante de la comunidad hippie de San Francisco, me entreviste con los ancianos de la tribu de los hopi para concertar una reunión hopi-hippie en el Gran Cañón. Deseábamos rendir homenaje a sus tradiciones y expresar nuestro respeto común por la tierra. Como pueden imaginarse, esto ocurrió durante la década del sesenta . Cuatro ancianos estaban sentados en sus respectivas sillas alrededor de una mesa en una casa de adobe. No había más que cuatro sillas; por lo tanto, me arrodi­llé en el suelo, de cara a los ancianos. En esta posición, podía ver por encima, y también por debajo, de la mesa. El más joven de los hombres tenia se­senta y cinco años; el más viejo, ciento diez. Las ocho manos se apoyaban sobre las rodillas, como raíces clavadas en la tierra. Había algo tan profundo, tan uni­tario en su presencia... Conversamos acerca de lo que podría significar la reunión de grupos y generaciones norteamericanas di...

Un payaso triste de ojos azules

Quiero contar una experiencia personal relacionada con la pintura, vivida esta vez no como facilitador, sino como un hombre de 45 años de edad, al participar en un taller con otras siete personas. Llegué con ganas de pintar la cara sonriente de un payaso. Con energía empecé a pintar la forma oval de la cabeza, la nariz como una pelota roja y los ojos azules lindísimos. Me faltó hacer la boca. La hice y… ¡me aterré! El payaso me estaba mirando con una angustia desnuda. Empecé a borrar esa boca cubriéndola con color blanco. Me sentí pillado cuando mi terapeuta vino corriendo y me preguntó “¿Qué haces?” Molesto con su intervención, contesté con cierta obstinación: “Quiero pintar un payaso alegre. Pero este me mira con angustia.” Ella me miró y dijo: “¿Qué pasaría si sigues pintando este mismo payaso lleno de miedo?” Yo: “No me agrada”. Ella: “Lo sé. Prueba, y si después quieres, puedes borrar esa boca “. Yo, aún molesto: “Bien, voy a ver”. Con pocas ganas miré a mi payaso. Pensé:...

En qué puedo servirte

Ram Dass y Paul Gorman Estaba buceando lejos de la costa, a alrededor de doce metros de profundidad, solo. Sabía que no debía haber ido solo, pero me sentía capaz de hacerlo y decidí aprovechar la ocasión de disfrutar de semejante aventura. La corriente no era demasiado fuerte, y el agua estaba tan cálida, tan cristalina, tan seductora… Cuándo sentí el calambre, me di cuenta de que había hecho una tontería. No estaba muy asustado, aunque el dolor en el estómago me impedía nadar. Intenté quitarme el cinturón de pesas, pero el calambre era tan intenso que ni siquiera conseguí desabrochar la hebilla. Me estaba hundiendo. Comenzaba a sentir temor; estaba inmovilizado. Miré mi reloj y comprendí que me quedaba muy poco tiempo de aire en el tanque. Traté de masajearme el abdomen. A pesar de que no llevaba puesto el traje de buzo, no lograba enderezarme ni tampoco podía tocar con las manos los músculos contraídos.             En ...