... Las manos que no quiero estrechar
son las que firman las leyes
que no puedo obedecer. Ariel Rot
son las que firman las leyes
que no puedo obedecer. Ariel Rot
Cierta noche me acosté pensando en el pecado, en cómo afectaba mi vida (si es que la afecta) y sobre todo reflexionando cómo vivo esta idea que, de entrada, pareciera sólo repercute de manera fuerte en alguien que tiene una vida religiosa activa. Desde el punto de vista religioso (y más concretamente el católico) el pecado es la predisposición del ser humano al mal pudiendo, por una parte, sucumbir a los deseos propios del cuerpo lo que traería la muerte espiritual condenando al ser a la nada o al castigo eterno. Desde el punto de vista filosófico el pecado es una transgresión del orden de la vida, es decir la afectación por un fin egoísta o la alteración de un orden de vida sin la contemplación consciente y reflexiva de lo que mis actos pueden provocar; en este sentido podemos separarlo en cuatro categorías, en el sentido religioso tenemos al pecado original que es la falta de Adán al desobedecer una prohibición en el huerto del Edén; también están los pecados personales donde se encuentran todas aquellas faltas que el hombre hace de manera individual. En el aspecto de la filosofía tenemos al pecado filosófico que es manifestado por un acto moral y/o éticamente incorrecto que viola el orden natural de la vida y la razón; así mismo hay un pecado de tipo teológico donde existe un desobedecimiento o negación de la ley eterna, de Dios o de su intervención.
El concepto de pecado evoca la idea de la mala acción convenida dentro de un grupo social donde la consecuencia más grave es el rechazo, con esto se antepone la idea de sufrimiento en la persona como una forma de reglamentación conductual con la previa advertencia de la condena eterna o, en el peor de los casos, la nada absoluta y por ende el olvido. Socialmente esto puede ser tomado como una regulación sana enfocada al crecimiento positivo de la persona y el colectivo, pero cuando nos enfocamos en el aspecto negativo de la condena nos podemos obsesionar creando conductas enfocadas en evitar el dolor que, paradójicamente, cuando actuamos sin una reflexión la acción nos puede provocar un proceso retroflectivo cortando violentamente el flujo del presente, se tiende a anteponer la vida futura o el bien colectivo al propio encadenándonos a una visión prospectiva de la vida sin dejarnos vivir lo que está frente a nosotros, o sea nuestra experiencia inmediata.
La idea del pecador o del lobo (retomando la idea de Hobbes) justifica la existencia de las entidades reglamentarias, se predisponen los aspectos negativos del ser humano construyendo así el modelo de relaciones de dominio que hoy tenemos, sometemos la existencia humana a la razón dejando de lado el aspecto espiritual del hombre. La voluntad y el deseo quedan inmersos en el campo del control proveyéndonos de las herramientas de la elección y la sustitución para no perder el status quo, así tampoco trastocamos de manera significativa el modelo de persona ideal válido para el grupo social al cual pertenecemos. El desobedecer o trastocar este modelo ideal implica una sanción o castigo, éste es la pérdida total o parcial del respeto hacia la persona infractora, sufre una despersonalización para ser sólo un banco de órganos destinado al sufrimiento y/o la estigma negativa asignada por el círculo cercano de personas o una institución determinada.
El concepto de pecado o mal actuar puede ser tan variado como personas hay en el mundo, se construye con base en ideas colectivas que se refuerzan en el círculo familiar, social y después de manera individual; cuando estas ideas se internalizan se convierten en introyectos, asimilados de forma negativa se pueden volver frenos del flujo de nuestro presente, es decir, se tiende por ejemplo a crear prospecciones sobre las posibles consecuencias creando un proceso retroflectivo sin reflexión; se pueden volver muy rígidas las fronteras de contacto que, de forma sana, ayudan a poner los límites que evitan la agresión a la persona en su integridad, pero por el lado negativo pueden crear diversos desajustes que se pueden visualizar en una obediencia vehemente o en la transgresión violenta de las formas de dominio. La reglamentación asimilada de manera negativa por el individuo puede llegar a crear un Big Brother personal donde se sienta vigilado todo el tiempo adquiriendo, según su percepción, un comportamiento correcto pero lleno de obsesiones que lo alejan del mundo real, de su yo verdadero, se cae en un estado de sumisión constante e incuestionable que pierde la personalidad, el sentido propio de responsabilidad y la capacidad de interactuar fluidamente con el entorno, incluso se puede llegar a delegar la capacidad de decisión a personas o instituciones que se observan como capaces de tomar las “riendas de mi vida”.
Dentro de la terapia guestalt no se sugiere un abandono de las reglas ni un anarquismo mal interpretado, se plantea la recuperación de la persona para que a partir de ella misma (tomando en cuenta su cuerpo y pensamiento) cree una red relacional donde se maneje con responsabilidad y, porque los momentos de crisis siempre estarán presentes, se haga a si misma de herramientas que le muestren un panorama más amplio de la experiencia dándole la posibilidad real de apropiarse de ella para fluir con el momento, ésto pese a lo desagradable que la vivencia nos pueda parecer; la posibilidad de cambio se hace entonces real ya que parte de la experiencia propia, de la vida cotidiana de cada uno de nosotros lo que permite que la toma de conciencia sobre mi actuar sea más fuerte y resonante, yo mismo tomo y deshecho los aspectos que dirigirán mi vida y la manera de manejarla, tomo en cuenta mi entorno sabiendo que la decisión sólo parte y partirá de mi persona ya que sólo cada uno de nosotros, a nivel personal, significamos y/o resignificamos los diferentes aspectos (inmateriales y materiales) que forman parte de nuestra vida. Finalmente, el reglamento justo (tanto con la persona como con el colectivo) debe ser tomado y entendido como las posibilidades de comportamiento y no como un límite a la libertad humana lo que, siendo más ambicioso, debería repercutir en una sociedad más plural, justa y humana con personas conscientes de sus potencialidades pero también de sus límites en un ambiente de complementaridad.
Juan Roberto Cervantes Vazquez
Estudiante de la Maestría en Psicoterapia Gestalt, en CEsIGue
-Bibliografía
Braunstein, Néstor. 2006. Las barreras del goce. En El goce: un concepto lacaniano. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires. pp. 100-109.
Buttigieg, Joseph. 2001. Gramsci y la sociedad civil. En Kanoussi, Dora (Comp.). 2001. Hegemonía, estado y sociedad civil en la globalización. Ed. Plaza y Valdés. México. pp. 39-77.
O'Neil, A.C. Pecado. Consultado en http://ec.aciprensa.com/p/pecado.htm
Trujillo, Jorge. 2006. P-E-C-A-D-O. Consultado en http://www.vidaeterna.org/esp/estudios/elpecado1.htm
Shub, Norman. 2004. El proceso de cambio. En Ser... en el momento. Un enfoque de la Psicoterapia Guestalt para el cambio. Ed. CEIG. Xalapa. pp. 175-193
(1) Regulación o freno del deseo
(2) Esta reglamentación puede ser desde un modelo personal de ética, una normativa institucional hasta la constitución nacional de cierto país.
(3) El estado de vigilancia de la persona se manifiesta hacia ella misma y hacia su entorno de forma obsesiva sin una reflexión de los sucesos.

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