Leny Cortés
Tradicionalmente el estudio del comportamiento humano y las neurociencias han sido ramas muy distintas de la investigación científica. Sin embargo, con los significativos avances realizados en el campo de las neurociencias, es cada vez más obvio que estas disciplinas tendrán que caminar de manera muy cercana. Las investigaciones han puesto al descubierto que la configuración y maduración del cerebro del individuo es el resultado de la combinación de su genoma y del conjunto de experiencias relacionales y las diversas situaciones que ha vivido desde su nacimiento (1).
En efecto, desde que la neurobiología ha puesto en evidencia el fenómeno de la plasticidad del cerebro a través de los trabajos de diferentes investigadores y, particularmente los de Erik Kandel, Premio Nobel en 2000, es posible plantear la huella psíquica (la huella dejada por la experiencia) como un tema que une a las neurociencias y a la psicoterapia. Así, diversos investigadores están comprobando que factores ambientales, experiencias tempranas durante el desarrollo, experiencias en la vida adulta e incluso la psicoterapia, producen cambios conductuales relativamente estables a largo plazo. Según Duman, Heninger y Nestler (1992) (2) existe evidencia de que estos cambios son producidos por modificaciones en las interacciones neurotransmisor-receptor, así como por la transducción de señales intracelulares y la regulación de la expresión genética neuronal.
De esta manera, la concepción determinista de la genética está quedando atrás y ahora se sabe que el sistema neuronal está abierto, el cerebro es plástico; así lo existente puede desorganizarse y reorganizarse de una forma diferente. De ahí el papel fundamental que puede jugar la psicoterapia. No sólo como un medio para recuperar la salud del individuo, sino como una herramienta en la prevención de trastornos de la personalidad. “El devenir de un sujeto no es la resultante de lo que ha sido. Su futuro pasa por la mediación de lo que es, abriendo un campo de indeterminación en el que todo es posible todavía.” (3)
Entre los psicoterapeutas, destaca la obra de Alan Fogel (4), quien discute la interacción del desarrollo del niño con sus relaciones interpersonales. Por otro lado, Daniel J. Siegel (2001) quien sostiene también que la mente se crea entre los procesos neurofisiológicos internos y las experiencias interpersonales.
que la mente, este flujo de energía e información, se crea en la interacción entre lo neurofisiológico, es decir, el cerebro del individuo, y lo interpersonal, es decir, cómo dos o más cerebros interactúan entre sí. La mente no viene de un cerebro aislado. Estos mismos estudios apoyan el hecho de que cuando un adulto proporciona al niño un apego (attachment) seguro, ésto es, un sentido de seguridad y protección, provoca que la mente infantil realice aquello que la genética potencialmente permite, es decir, el desarrollo de un complejo conjunto, rico e intrincado, de interconexiones entre diferentes aspectos del cerebro. El cómo se desarrolle la estructura y funcionamiento del cerebro depende de cómo las experiencias, que son de naturaleza primariamente social, conformen la información madurativa genéticamente programada que da lugar a la formación del sistema nervioso. (5)
En México, una aportación muy importante hacia este enfoque dentro de la Psicoterapia Infantil Gestalt es el modelo de intervención diseñado por la Dra Amescua, directora del CEsIGue, Xalapa, en el que la participación activa de los padres junto con el niño es el núcleo de la intervención efectiva. Así, escribe: “la mirada pasa de ser únicamente intrapsíquica a ser también interpsíquica”, al incluir el elemento interpersonal (6)
Considerando la importancia de las relaciones sociales y la calidad de la experiencia en el desarrollo de un self saludable en el individuo, es importante que la Psicoterapia también entre en un contacto más directo con las Ciencias que tienen que ver con el contexto social en el que se desarrolla la persona, como lo son la Sociología y la Antropología Social.
* Docente e investigadora en Centro de Estudios de Investigación Guestálticos, Xalapa
(1) Cordech,J. (2009). Neurociencia y Modelo relacional. Clínica e Investigación relacional. Vol 3(1): 39-53
(2) cit por García, H., Morales, C. y M. Fantin. (2009). Una introducción a las limitaciones y alcances de la psicoterapia en el campo de las neurociencias y la genética de la conducta. Revista Electrónica Internacional de la Unión Latinoamericana de Entidades de Psicología
(3) Ansermet, F. & Magistretti,P. (2007). NEUROCIENCIAS Y PSICOANÁLISIS. Cuadernos de psiquiatría y psicoterapia del niño y del adolescente, 43/44, 5-16
(4) Fogel, A (1991). Developing through Relationships. The University of Chicago Press
(5) Siegel, D. (2001).The Developing Mind: Toward a Neurobiology of Interpersonal Experience. Guildford Press; Siegel, Daniel y Mary, Hartzell. (2007). Ser padres desde el interior. CEIG-Editorial. Xalapa, Ver. México.
(6) Amescua, Guadalupe. 2008. Psicoterapia Infantil Relacional. Ed CEIG. Xalapa, Veracruz. México. 140 pp
Tradicionalmente el estudio del comportamiento humano y las neurociencias han sido ramas muy distintas de la investigación científica. Sin embargo, con los significativos avances realizados en el campo de las neurociencias, es cada vez más obvio que estas disciplinas tendrán que caminar de manera muy cercana. Las investigaciones han puesto al descubierto que la configuración y maduración del cerebro del individuo es el resultado de la combinación de su genoma y del conjunto de experiencias relacionales y las diversas situaciones que ha vivido desde su nacimiento (1).
En efecto, desde que la neurobiología ha puesto en evidencia el fenómeno de la plasticidad del cerebro a través de los trabajos de diferentes investigadores y, particularmente los de Erik Kandel, Premio Nobel en 2000, es posible plantear la huella psíquica (la huella dejada por la experiencia) como un tema que une a las neurociencias y a la psicoterapia. Así, diversos investigadores están comprobando que factores ambientales, experiencias tempranas durante el desarrollo, experiencias en la vida adulta e incluso la psicoterapia, producen cambios conductuales relativamente estables a largo plazo. Según Duman, Heninger y Nestler (1992) (2) existe evidencia de que estos cambios son producidos por modificaciones en las interacciones neurotransmisor-receptor, así como por la transducción de señales intracelulares y la regulación de la expresión genética neuronal.
De esta manera, la concepción determinista de la genética está quedando atrás y ahora se sabe que el sistema neuronal está abierto, el cerebro es plástico; así lo existente puede desorganizarse y reorganizarse de una forma diferente. De ahí el papel fundamental que puede jugar la psicoterapia. No sólo como un medio para recuperar la salud del individuo, sino como una herramienta en la prevención de trastornos de la personalidad. “El devenir de un sujeto no es la resultante de lo que ha sido. Su futuro pasa por la mediación de lo que es, abriendo un campo de indeterminación en el que todo es posible todavía.” (3)
Entre los psicoterapeutas, destaca la obra de Alan Fogel (4), quien discute la interacción del desarrollo del niño con sus relaciones interpersonales. Por otro lado, Daniel J. Siegel (2001) quien sostiene también que la mente se crea entre los procesos neurofisiológicos internos y las experiencias interpersonales.
que la mente, este flujo de energía e información, se crea en la interacción entre lo neurofisiológico, es decir, el cerebro del individuo, y lo interpersonal, es decir, cómo dos o más cerebros interactúan entre sí. La mente no viene de un cerebro aislado. Estos mismos estudios apoyan el hecho de que cuando un adulto proporciona al niño un apego (attachment) seguro, ésto es, un sentido de seguridad y protección, provoca que la mente infantil realice aquello que la genética potencialmente permite, es decir, el desarrollo de un complejo conjunto, rico e intrincado, de interconexiones entre diferentes aspectos del cerebro. El cómo se desarrolle la estructura y funcionamiento del cerebro depende de cómo las experiencias, que son de naturaleza primariamente social, conformen la información madurativa genéticamente programada que da lugar a la formación del sistema nervioso. (5)
En México, una aportación muy importante hacia este enfoque dentro de la Psicoterapia Infantil Gestalt es el modelo de intervención diseñado por la Dra Amescua, directora del CEsIGue, Xalapa, en el que la participación activa de los padres junto con el niño es el núcleo de la intervención efectiva. Así, escribe: “la mirada pasa de ser únicamente intrapsíquica a ser también interpsíquica”, al incluir el elemento interpersonal (6)
Considerando la importancia de las relaciones sociales y la calidad de la experiencia en el desarrollo de un self saludable en el individuo, es importante que la Psicoterapia también entre en un contacto más directo con las Ciencias que tienen que ver con el contexto social en el que se desarrolla la persona, como lo son la Sociología y la Antropología Social.
* Docente e investigadora en Centro de Estudios de Investigación Guestálticos, Xalapa
(1) Cordech,J. (2009). Neurociencia y Modelo relacional. Clínica e Investigación relacional. Vol 3(1): 39-53
(2) cit por García, H., Morales, C. y M. Fantin. (2009). Una introducción a las limitaciones y alcances de la psicoterapia en el campo de las neurociencias y la genética de la conducta. Revista Electrónica Internacional de la Unión Latinoamericana de Entidades de Psicología
(3) Ansermet, F. & Magistretti,P. (2007). NEUROCIENCIAS Y PSICOANÁLISIS. Cuadernos de psiquiatría y psicoterapia del niño y del adolescente, 43/44, 5-16
(4) Fogel, A (1991). Developing through Relationships. The University of Chicago Press
(5) Siegel, D. (2001).The Developing Mind: Toward a Neurobiology of Interpersonal Experience. Guildford Press; Siegel, Daniel y Mary, Hartzell. (2007). Ser padres desde el interior. CEIG-Editorial. Xalapa, Ver. México.
(6) Amescua, Guadalupe. 2008. Psicoterapia Infantil Relacional. Ed CEIG. Xalapa, Veracruz. México. 140 pp
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