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De la aceptación


Leny Cortés Aguilar
CESIGUE, Xalapa, Ver.


¡Cuánto hablamos de la aceptación, del vivir aquí y ahora, del desapego, de estar aceptando lo que viene tal cual es! … y… sí, cuando la vida nos pone enfrente el desafío de verdaderamente ejercitar todo ello…  es fuerte…

Cuando llega el cambio de manera repentina  (bueno, parece ser que generalmente sentimos un cambio así: repentino)…  ESTAR PRESENTE ayuda a pasar los momentos difíciles, a atravesar el duelo, a dejar ir… lo cual no significa que no haya dolor porque despedirse no es fácil, despedirse de la mamá sana y fuerte, independiente; de la mamá que apoya y cuida para recibir a la mamá envejecida, la que se enferma y a la que ahora a una le corresponde cuidar… ya no es quien te protege y te cuida, ahora eres tu quien cuida y protege… con todo amor, pero el cambio no es fácil, no es fácil… de pronto darse cuenta que esa situación no la tenía una en la consciencia,  de que sucedería más temprano que tarde (por cuestión de la edad)… por eso lo de que parece que el cambio llega de manera repentina… cuando al final el proceso de cambio se va dando poco a poco si una tuviera esa presencia de manera contínua.

Entonces el reto es poder abrazar la realidad, amorosamente entregarse al fluir de la vida, a pesar de que de pronto sea doloroso, pues implica una despedida, un cambio profundo en la cotidianidad de la vida…

Esto es a lo que el budismo insiste en su mensaje, a reconocer la impermanencia de los fenómenos, de lo difícil que cuesta soltar y dejar ir situaciones, objetos, personas… de cómo deseamos que todo se mantenga “igual” y aun cuando no lo pensamos, de algún modo suponemos que todo será siempre igual, no nos detenemos a observar como se va dando nuestro paso por este plano, por la vida…

            La aceptación, dice Liliana Poggio, “es un movimiento interno que implica apertura, dejar pasar para permitir la experiencia. Esta actitud inicial trae un mayor y mejor conocimiento de lo que aparece, que permite un accionar también adecuado a lo que se requiere para ese momento o circunstancia. Es muy distinto lo que se genera como consecuencia cuando respondemos a los hechos desde el consentimiento interior a su aparición, que cuando los vivimos como impuestos, o como algo que no nos debería ocurrir.”

Cuando estoy con una actitud de aceptación, permito recibir lo que eso me trae para aprender y 3entonces ya no es necesario defenderme, o hacerme la víctima.  “La actitud de aceptación, al implicar apertura y dejar de vivirse como impuesto o rechazarlo, se actúa o resuelve la situación desde un estado de relajación física y mental que permite “ver” y así actuar correctamente.”

Y no se debe confundir la aceptación con el conformismo, apunta esta autora. “El conformismo puede estar apoyado en un estado interno de debilidad que dificulta el accionar posterior. En cambio, la aceptación es en sí misma un movimiento vital y dinámico. “

Poggio, Liliana. Psicología de la aceptación. Rev. UNO MISMO.Vol IV(1).


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