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Egoísmo

José Antonio Ramón Calderón*

El egoísmo es el resultado de un ego, o centro, cuyo único interés es el de nutrirse y crecer, expanderse y permanecer.
            Imaginemos a dos hombres que por separado caminan en un bosque. Repentinamente escuchan el hermoso canto de un pájaro. Llamados por el canto se encaminan para tratar de conocer a quien lo emite. Después de algunos minutos de búsqueda ambos logran ver el hermoso pájaro multicolor cuyo canto es en verdad placentero.
            Uno de los hombres, ante el hecho descrito, podría querer atrapar al hermoso animal, enjaularlo, y llevarlo a su casa. Una vez en su casa podría regocijarse sabiendo que ningún otro hombre, al menos en la vecindad, posee un pájaro igual al suyo. También podría surgirle la idea de invitar a sus amigos para mostrarles a su pequeña presa, ya que ésta por su bello plumaje y por su hermoso canto sería alabado, y junto con éste a quien lo posee.
            Nuestro segundo hombre, ante el mismo hecho, ante el canto del hermoso pájaro, podría tener una vivencia que en nada se pareciera a la del primero. La vivencia podría ir más allá de todo interés por obtener y encerrar, por presumir y regocijarse. En su lugar, la reacción de este último podría ser simplemente la de admirar la hermosura del plumaje multicolor y la de escuchar el hermosos canto del pequeño pájaro.
            Ahora ya tiene usted muy claro lo que es una actitud egoísta, ¿no es esto cierto? Mientras el primer hombre todo lo pidió para sí, el segundo, ante el mismo hecho, nada pidió para sí.
¿Cómo puede saber un hombre si en el acto de ayudar a los demás está o no alimentando su ego?
            Para saber si está usted alimentando su ego, simplemente debe observar si el móvil de la acción es una actividad que fluye de adentro hacia afuera o de afuera hacia adentro.
            Si el móvil fluye de adentro hacia afuera, y sin el mínimo interés por nutrirse y alimentarse, entonces su actividad está liberada del ego. Si por otro lado, el móvil tiene el interés por nutrirse con el resultado de su acción (en este caso el deseo de ayudar), entonces lo que en realidad está haciendo es alimentar el ego.
            Existen formas burdas de alimentar el ego y, por lo tanto, fácilmente identificables; pero también existen formas muy sutiles, y sólo un hombre extraordinariamente alerta puede descubrir estas sutilezas.
Pero si un hombre ayuda a otro sin ningún interés personal  y esto le produce alegría, ¿está alimentando a su ego por el simple hecho de sentir alegría?
            Si el hombre se siente feliz debido a que el otro ha recibido la ayuda que necesitaba, por supuesto que no. Pero si se siente feliz por haber sido el que origina la ayuda, por supuesto que sí.
*Tomado de: Ramón, J.A. (1988). El hombre despierto. Puebla, México:Marco Polo Editores



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