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6 fábulas de Esopo una forma de ver tu vida


1.- El Ciervo y la Fuente.

Bebiendo un ciervo en cierta fuente cristalina, se vio retratado de cuerpo entero en el agua. Admiración y orgullo le causó la belleza de sus ramosos cuernos; pero inclinando la vista hacia abajo, se avergonzó y casi maldijo la fealdad y flaqueza de sus patas. En esto, la trompa del cazador y el ladrido de perros le avisó del peligro que corría, y escapando en veloz carrera por el llano,se libró prontamente de sus terribles perseguidores. Unas ramas, sin embargo, detuvieron su huida, enredándose entre los cuernos, y por pronto que quiso desasirse, perros y cazadores dieron sobre el desdichado sin piedad. Se cuenta que al morir exclamó el Ciervo:­ -“Ahora comprendo, aunque tarde, cuán peligroso era lo que amaba, y cuán útil y necesario lo que aborrecía.”

2.- El Niño y la Madre.

Cierto chicuelo revoltoso, hurtó un libro en la escuela y se lo llevó a su Madre. La mujer, que se excusaba con esto de comprarle otro, colmó de caricias al Niño, alabando por extremo su agudeza. Envalentonado éste robó alguna otra cosa, y después otra más; hasta que cogido por la justicia en un nuevo hurto, fue llevado a la cárcel y sentenciado a muerte. La Madre se deshacía en lágrimas tras el reo; pero el niño, parando la comitiva, exclamó: -“Si cuando hurté el primer libro no te hubieras reído, ahora te excusarías de llorar mi desgracia.”

3.- Las dos Cangrejas.

-“Querida mía (dijo en cierta ocasión a su hija una Cangreja anciana): ¿Por qué andas de costado y en tan ridícula manera? ¿No seria mejor que echaras el cuerpo hacia delante, como todo el mundo?” –“Verdad es (contestó la Cangreja joven); pero me parece que yo ando lo mismo que mi madre. Déme ella el ejemplo, y yo lo seguiré con alma y vida.”

4.- La Zorra en el pozo.

Habiendo caído en un pozo cierta Zorra desventurada, hizo heroicos esfuerzos por sacar la cabeza del agua, pero sin coseguir asirse a los brocales. En esta conformidad, se asomó al pozo un Lobo viejo, que andaba por allí, y al verla dijo: -“¿Es posible, querida hermana, que  os encuentre en tan amargo trance? ¿Cuándo habéis caído? ¿Está muy fría el agua? ¿Cómo sucedió el trabajo? ¡Cuánto siento hija mía, vuestra desventura!...” –La Zorra, que ya se iba amoscando con aquella sarta de cumplidos, le interrumpió diciendo: -“Amigo Lobo, mejor que todas esas frases cariñosas, preferiría una cuerda.”

5.- La Mujer y la Cántara

Una pobre Mujer hallóse cierto día una Cántara vieja y desmochada, que había tenido vino. Acercóle la nariz, y aspiró con éxtasis el aroma excelente que se exhalaba de aquellos cascos inútiles.-“¡Oh Dioses! (exclamó). ¡Cuán delicioso sería el vino que encerraba esta Cántara, si tal perfume se desprende aun hoy de sus heces!”- Después, reflexionando, añadía para sí: -“Una buena vida es como una buena Cántara, que a la vejez conserva perfume de grandeza, aun cuando su aspecto sea achacoso y miserable.”

6.- El Rey y el Esclavo

Durante una excursión que el Rey hacía por los jardines de su palacio, notó que cierto Esclavo, separándose de sus compañeros que trabajaban, vino a regar las sendas por dónde él había de pasar, a cortar las ramas que pudieran estorbarle y a aprovechar cuantas ocasiones hubiese de ser útil a su señor: -“Te engañas, por vida mía (díjole el Rey con severo acento), si piensas que he de darte la libertad en pago a esas adulaciones que no te pido. Mejor se la daría a cualquiera de los otros que siguen imperturbables en mi presencia cumpliendo su deber.”



Referencia bibliográfica:

Mier, E. (1971). Las fábulas de Esopo. México: Epoca, 

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